• ADVIENTO MISIONERO 2016


    Recursos para vivir el tiempo de Adviento en clave misionera

Hoy nuestros misioneros Burgaleses de Perú en "Misioneros por el mundo"

El programa Misioneros por el Mundo muestra hoy la labor de los misioneros en la Selva de Perú

No te pierdas esta entrega de “Misioneros por el mundo” hoy en 13TV a las 21:15h, en la que seguirás descubriendo nuevos rostros de los 13.000 misioneros españoles que están entregando su vida a Dios y a los demás en todos los rincones del mundo.
El programa misioneros por el mundo presenta a cuatro misioneros, 3 burgaleses y una palentina, que viven en San Ramón (provincia de Chanchamayo), en una región de 40.000 habitantes, con apenas 2 parroquias, y con poblaciones muy dispersas entre sí.
Conoceremos a tres misioneras religiosas Franciscanas del Espíritu Santo que a pesar de ser octogenarias y de llevar muchos años como misioneras, tienen una vitalidad desbordante.
Casilda Rilova, Franciscana del Espíritu Santo (Franciscana de Montpellier), nacida en Sasamón (Burgos) colabora estrechamente en la parroquia, donde prepara a niños y adultos para recibir los Sacramentos de la Iniciación Cristiana.
Margarita Torrecilla
Franciscana del Espíritu Santo (Franciscana de Montpellier), nacida en Valluércanes (Burgos) que es enfermera, atiende un hogar donde son abandonados ancianos, niños, discapacitados… y no duda en coger su moto para ir a evangelizar a los sitos más inhóspitos, donde la mujer es especialmente marginada. También Felicidad Labrador, con más de 55 años en Perú, la mayoría en Lima, se encuentra ahora en Huacará, donde acude infatigable a las casas de los ancianos que no pueden ir a la parroquia, para llevarles la comunión.

Con 51 años, el padre
Alfonso Tapia, sacerdote diocesano incardinado en Perú, nacido en Burgos, es el joven del grupo. Siendo profesor de Matemáticas, Alfonso llegó a Perú como voluntario. Allí sintió la llamada del Señor para ser “sacerdote misionero”. En San Ramón, como confesó al periodista durante el reportaje, están “en el paraíso”, y somos nosotros, dijo entre bromas lo que estamos “en una selva de cemento”.

Guía para el Adviento Misionero 2016


Vivir el Adviento con corazón misionero, es el objetivo de la Guía de Adviento 2016

Obras Misionales Pontificias, a través del Secretariado de Infancia Misionera, presenta la guía 'Adviento Misionero 2016' para el tiempo de Adviento. Va dirigido a los agentes de pastoral, catequistas, profesores de religión y animadores para que compartan con los niños la importancia de este tiempo litúrgico previo a la Navidad. Se trata de un material ligado también a la campaña de Infancia Misionera y a su jornada que se celebrará el próximo mes de enero bajo el lema de “Sígueme”.

El Secretariado de Infancia Misionera ofrece este material de animación misionera para niños, “planteamos el Adviento desde una actividad que realizan con frecuencia los niños cuando salen al campo o participan en alguna acampada o campamento: se trata de un rastreo. Hay un objetivo que conseguir y, mediante una serie de pistas, los rastreadores deben llegar hasta él. También nuestro Adviento tiene un objetivo concreto: llegar al encuentro con Jesús en Belén. Cada semana de Adviento vamos a ir descubriendo, guiados por la Palabra de Dios, una pista que nos lleve a vivir bien la Navidad. Esas pistas van a ser la atención, la formación, la paciencia y la sencillez”.

Este cuadernillo dedicado al Adviento Misionero tiene como objetivos: proporcionar a los agentes de pastoral una ayuda para que los niños descubran la naturaleza del Adviento como tiempo de preparación personal y comunitaria para recibir a Jesús en Navidad; integrar en esta actividad el proceso de preparación de la Jornada de Infancia Misionera, teniendo presente el lema de este año, “Sígueme”; colaborar con los educadores para que los niños, desde la escucha de la Palabra de Dios y la oración, descubran la dimensión misionera que conlleva la acogida de Jesús en nuestras vidas; y ayudar a las familias a acompañar a los niños en la realización de las actividades y de los signos que les proponemos para vivir con espíritu misionero este tiempo litúrgico.

Además, el cuadernillo recoge otra actividad misionera de los niños, previa a la Navidad, la conocida campaña “Sembradores de Estrellas”. Presenta unas pautas para preparar esta actividad, así como el texto de la celebración del envío – como pequeños misioneros – a recordar que Jesús nace para todos.
Para descargar la Guía de Adviento Misionero 2016:

http://www.infanciamisionera.es/p/adviento-misionero.html


La vida de nuestros misioneros ¿Quién era Juan José Alarcia López?

JUAN JOSÉ ALARCIA LÓPEZ
Sacerdote diocesano burgalés y miembro del IEME
Misionero en Zimbabwe


Juan José nació en Villasur de Herreros (Burgos) el día 30 de junio del año 1943. Seguramente que sus calles vieron correr y juguetear a un muchacho de contextura frágil pero con muchos sueños y proyectos en su cabeza que pronto se encaminó al Seminario. Comenzó en el Seminario de San José, inició la filosofía en el Seminario de San Jerónimo y continuó los estudios en el Seminario de Misiones.

Fue ordenado sacerdote el día 8 de julio de 1967 y los  primeros tres años  estuvo trabajando en la Delegación de Misiones de la Diócesis como adjunto del P. César Ruiz Izquierdo.

En junio del año 1970 marchó a África, a Zimbabwe, la antigua Rhodesia del Sur. Lo primero que tuvo que hacer fue estudiar el inglés y más tarde algunas de las lenguas nativas. Juanjo llegó a hablar varias lenguas nativas: el shona, el sindebele, el nambya y algo del tonga. Esto nos quiere decir que tuvo varios destinos en la misión: Chereya, Dete, Kamativi, Kariangwe, Sacred Heart. Tuvo que vivir la guerra y pasar por momentos de mucho peligro y dificultad. No fueron años fáciles viviendo en medio de dos bandos enfrentados y, sobre todo, contemplando las dificultades e injusticias que padecían los más pobres.

Los primeros años de la misión, en Chereya, los tuvo que dedicar, por necesidad de la supervivencia de aquella misión, a construir tres puentes sirviéndose de los conocimientos elementales adquiridos en la escuela de Maestría Industrial de la ciudad de Burgos.

Trasladado a Dete, con aprendizaje previo y simultáneo de nueva lengua, atiende aquellas comunidades, es director espiritual del Seminario Menor y da clases de Biblia en el Noviciado de las Hijas del Calvario.

 El año 1990 encontramos a Juanjo  en la misión de Sacred Heart, lo cual llevaba implícito el estudio de una nueva lengua: el nambya.

En el año 1995 fue llamado a Madrid para trabajar en tareas de Animación Misionera. El año 1998 es elegido Secretario General del IEME y en el 2003 será nombrado Director del Departamento de  Publicaciones y Animación Misionera. También durante algunos de estos años fue asesor religioso de los laicos de OCASHA, Cristianos con el Sur.

Regresado de nuevo a Zimbawe en el 2009, trabajó en Hwange como administrador de la diócesis y atendiendo algunas comunidades rurales. Aquí es donde le sorprendió y nos sorprendió la llamada del Señor


Juanjo se distinguió por su sencillez, humildad, disponibilidad, amistad, discreción. Tenía grandes cualidades. Fue una persona fiel y entregada a la misión. Era un “manitas” siempre dispuesto y disponible para solucionar muchos problemas de tipo práctico. Algún compañero ha comentado estos días que “Dios estaba necesitando de un emprendedor, de un manitas, de un “factotum” como Juanjo para que el cielo siguiera funcionando”.

Quienes le hemos conocido y trabajado junto a él nos hemos sentido muy enriquecidos. Juanjo fue un hombre bueno, todo un prototipo de valores castellanos Hicimos muchos viajes juntos al extranjero, sobre todo, a África y Asia, por el conocimiento que él tenía del inglés, durante el período 1998-2003, años que coincidimos en la Dirección General del IEME.  

Juanjo, no hace falta que te diga que sentimos tu partida, pero sí que sepas que te vamos a echar mucho en falta. Estoy convencido que desde allá arriba nos vas a seguir acompañando y echando una mano para seguir colaborando con el sueño de Dios.

Que esta Eucaristía sea una acción de gracias por el paso de tu vida entre nosotros,  por tu presencia y encarnación en el África de tus amores, recorriendo sus caminos ardientes y arenosos, cruzando sus ríos, a veces  desbordados, y atravesando sus sabanas inmensas.



Palabras al inicio de la Eucaristía en Villasur de Herreros, pronunciadas por José Manuel Madruga, antiguo Director General del IEME y actual Delegado de Misiones de la diócesis de Burgos.   

Un testimonio de Misericordia, de un misionero burgalés Ramón Delgado del IEME

En la Jornada Pastoral Diocesana, clausura del Año de la Misericordia

Un gran saludo a todos los que estáis presentes y un gran recuerdo para todos los que no han podido hacerse presentes pero que comparten ese gran misterio de pertenecer a la iglesia diocesana.

A mí se me ha pedido que hable de la iglesia del más allá, pero no puedo hacerlo sin una referencia a la iglesia de aquí. Yo nací, crecí en la fe y fui formado en la diócesis de Burgos. Mis primeros pasos como sacerdote les di en el norte de la diócesis. Allí aprendí a ejercer la vocación sacerdotal, viviendo y trabajando con otros compañeros y compartiendo con la gente las vivencias de un mundo rural cada vez
más despoblado. Con ellos viví la fe y fui descubriendo la vocación misionera que me impulsaba a ir más allá.

El lema del Domund de este año es “Sal de tu tierra”. En esa invitación y exigencia se halla el reto que Dios nos lanza a cada uno de nosotros. Haber descubierto a Jesús de Nazaret y haber apostado por Él es una opción que tiene consecuencias para toda la vida. En la respuesta positiva que hemos dado a su llamada no hay marcha atrás. No puede haber retroceso. Es fundamental la evolución y clarificación de esa vocación, y no es comprensible la cobardía. Salir de la tierra significa dejar muchas cosas y alejarse en el tiempo y en el espacio de muchas personas muy queridas. Todo lo que se ha compartido desde la fe nos ha enriquecido mutuamente, nos ha acercado y hemos trabado lazos de cariño -por las experiencias compartidas, las dificultades solucionadas, los momentos de dolor acompañados-… Salir de la tierra también significa partir hacia lo desconocido. Desconocimiento de las personas con las que vas a trabajar, de los lugares y medios en los que vivirás, de las propias limitaciones físicas, de la lengua en la que te expresarás y te comunicarás… Salir de la tierra es una invitación que Dios Padre hace a sus hijos a vivir la fe con la confianza de que Él no nos abandona.
El Señor que nos envió a anunciar el Evangelio no nos ha abandonado. En nuestro dejar atrás tantas cosas y personas por Él y por su nombre, hemos encontrado cien veces más. Ese mismo amor que nació en nuestro corazón, vivido en la iglesia diocesana, ha sido el que se ha acrecentado en las nuevas iglesias. Aunque las dificultades y las dudas no han estado ausentes, siempre ha vencido la entrega y la pasión de poder vivir y anunciar el Evangelio. Mi tarea misionera ha estado siempre acompañada por un buen grupo de compañeros de diferentes edades y con distintas experiencias misioneras, grupo que nos ha ayudado a vivir en fidelidad y a crecer en la fe.

La nueva tierra a la que llegué me ofreció la ocasión de conocer el primer bautizado de la diócesis, escuchar su testimonio y poder acompañar a su familia en su funeral. En una diócesis joven, la valentía y decisión de los primeros cristianos ha marcado un gran itinerario a seguir para las futuras generaciones. ¡Qué gran fe la de esos hombres de los primeros tiempos en circunstancias tan adversas!
En el grupo de las mujeres se vive la capacidad de organizarse y ayudarse en las dificultades. Mujeres, fuertes de naturaleza, que lucharán por sacar adelante la familia, pero también por defender los valores de su sociedad y por ser fieles a la tradición familiar. Ellas han encontrado en la fe cristiana un gran complemento que les ayuda a realizarse como personas. ¡Cuánto esfuerzo hacen para poder asistir a las reuniones y a las clases de alfabetización! ¡Qué fidelidad en las catequesis y en la celebración de la liturgia!
Si algo hemos visto en el continente africano son niños. En África, formado por 1.200.000  habitantes, la media de edad del continente no supera los 20 años. ¡Qué difícil encontrar maestros, médicos, dirigentes y agentes sociales para organizar el entramado social! La dificultad económica hace a muchos estudiantes interrumpir los estudios y tomar el camino de la enseñanza sin titularidad alguna; la alternancia de los estudios con las responsabilidades familiares hace que muchas niñas no acaben los estudios de secundaria; la masificación en las clases y la falta de locales hace que no se pueda llevar a cabo un seguimiento de los alumnos. Encontrar el dinero para pagar los útiles necesarios en clase se presenta como un verdadero problema en un país, Togo, que vive en un 95% de la población, directamente de la agricultura de subsistencia, con una cosecha condicionada a la buena estación de lluvias.
Los jóvenes, que aun siéndolo, allí no lo son tanto, tienen ganas de vivir y de vivirlo todo. Todos quieren participar en las asociaciones, movimientos, grupos… Son dados a organizarse y por supuesto a amenizar todo con el ritmo de la música. Los kilómetros a desplazarse no son impedimento para nada. La mayor parte de las veces a pie.  Gran parte de ellos siguen el catecumenado durante cuatro años para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual. Algunos siguen distintas formaciones después del bautismo para poder formar parte en las responsabilidades de las comunidades y de la parroquia.

Dentro de todos los agentes pastorales de la diócesis de Dapaong, a quienes más admiro es a aquellos que trabajan en el dominio de la salud. No hay seguridad social y hay que pagarlo todo. Esto hace que cuando uno va al médico la cosa ya sea grave. El mimo, la paciencia, el cariño, el interés, la comprensión y el cuidado que sale de manos, boca y ojos de aquellas hermanas que regentan los centros de salud hace que la enfermedad sea menos enfermedad. También es verdad que la gente aguanta el sufrimiento de otra manera.
Mucho ha sido el tiempo dedicado a estar con los ancianos para escuchar sus consejos, sus pareceres, aprender de su experiencia. En este mundo de cultura oral, donde la palabra pronunciada y dada tiene un gran valor, el hecho de escuchar es muy edificante. En esto, la lengua siempre fue una dificultad, un límite que nos ha costado rebasar, pero que nos ha hecho ser más humildes. Las reuniones, a veces se hacen pesadas porque hay que traducir.
Los catequistas no pueden pasar desapercibidos. También ellos han sido llamados a anunciar la Palabra de Dios. ¡Qué valor y cuánta aportación hacen a las parroquias! Manteniendo a sus familias asisten a la formación, aseguran las catequesis, acompañan a sus comunidades, celebran la liturgia de la Palabra, son testigos de la fe en su medio y están dispuestos a salir de su tierra por servir a otras comunidades.

Allí donde hay vida también hay sufrimiento y muerte. Son muchas las ocasiones en las que hay que visitar a enfermos para animarlos, administrar sacramentos, acompañarlos en la enfermedad y ayudar a tratar o ver cómo colaborar y apoyar. Además de acompañar en la enfermedad, no pocas son las ocasiones en las que las familias pierden algún miembro y necesitan de apoyo y ánimo para seguir adelante.
Con el paso del tiempo las personas crecemos en fe, en experiencia y en años. Hay ocasiones en las que quienes nos han acogido a nuestra llegada se hacen mayores y regresan, nos pasan el relevo. En otras ocasiones la enfermedad… y a veces ni eso: en pleno vigor y fortaleza, el Señor que nos dio la vida nos llama para sí. Hay sillas que se van viendo vacías y nos duele porque conocimos a quien antes se sentaba ahí.

Pero Aquél que nos llamó a salir de nuestra tierra no nos ha dejado nunca solos. Siempre ha habido otras manos que acompañan nuestra tarea. En esa iglesia diocesana que comenzó a nacer hace 50 años, aquellos niños que comenzaron a venir a nuestros encuentros, catequesis, escuelas… que un día dijeron que querían ir al seminario menor, a los que hemos acompañado y animado durante este tiempo, el Señor Jesús les ha llamado para enviarles a anunciar el Evangelio. Y han respondido con generosidad en la vida religiosa o sacerdotal. Y hay órdenes (una, dos, cuatro, seis, tres, dos… )

Y ahora es cuando ya estamos a gusto: Hay muchos catecúmenos, la parroquia organizada, los responsables trabajan… Hemos vivido mucho con la gente, hemos compartido, nuestro corazón se va apegando… Hemos aprendido algo la lengua… Pero precisamente este año el lema del DOMUND nos dice una vez más: “Sal de tu tierra”. Y nos ponemos de nuevo en camino. Hemos reflexionado y orado mucho. Y vemos otro país donde la Iglesia es más débil. Y precisamente porque somos misioneros, con gran pesar de nuestro corazón por lo que dejamos una vez más, metemos los pocos enseres de los que disponemos en la maleta y de nuevo nos ponemos en camino.
Hace un año el Papa abría la Puerta Santa del Año de la Misericordia en Bangui, (RCA). A ese país nos encaminamos. Una vez más, limitados por la lengua, y con necesidad de aprenderla, tenemos que hacernos como niños, porque solo de los que son como ellos es el Reino de los Cielos.
Nuestra experiencia misionera es también una expresión de la Iglesia local de Burgos que sale al encuentro del necesitado a través de nuestras humildes personas mediante el testimonio, la presencia y el servicio fraterno. Seguir a Jesús en el servicio a los más necesitados en lugares remotos es también tarea de los “discípulos misioneros”.

Que Jesús, a quien hemos descubierto como cristianos, que nos ha hecho aumentar la fe en el momento en que hemos comenzado a compartirla, que ha hecho imparable la dinámica del amor en el mundo, nos ayude a ser tan generosos con los demás como lo ha sido Él con nosotros.