Hornillos del Camino: el pueblo con más curas de España


El alcalde Pedro (izda.), junto a José Antonio, su padre (dos hermanos religiosos y 14 primos con hábito). JAVI MARTÍNEZ

En un pueblo donde viven 20 vecinos, se cuentan 26 sacerdotes y monjas oriundos del lugar
"En agosto es para verlo", dice el alcalde. "Monjas que echan la partida, curas que van a la huerta... Aquí en agosto hay misa todos los días. Incluso con dos o tres curas"

El Athletic de Bilbao tiene Lezama, el jamón ibérico tiene Jabugo, la tecnología mundial tiene Silicon Valley y la Iglesia española -en su modesta escala- tiene Hornillos del Camino.
Porque si hablamos de viveros, hay que marcar con una cruz este pequeño pueblo de Burgos: 61 habitantes censados, sólo unos 20 viviendo a diario y, esto es lo extraño, 26 religiosos y religiosas nacidos en estas casas repartidos por España y el resto del mundo.

Con este panorama, lo normal aquí es sentirse a salvo. Le sucede a José Antonio, 72 años, jubilado, una hermana monja, un hermano cura y 14 primos con hábito.

-¿Y usted va mucho a misa? -le decimos.
-Aunque yo no vaya a misa -bromea-, con esta familia que tengo no pasa nada.
La escena tuvo lugar el 17 de julio, cuando se reinauguró el suelo de la iglesia parroquial de la localidad. Al evento acudió el mismísimo arzobispo de Burgos, Fidel Herráez. El acto congregó a 22 de los 26 eclesiásticos nativos. El prelado celebró las obras, a su modo bendijo al vecindario, se dio un paseo y se refirió a Hornillos del Camino como todo el pueblo lo hace cuando llega el verano y regresan los que un día se fueron.

-Este pueblo es un mini Vaticano.
Oremos. Y oraron. Y siguen en ello. Porque aquí, como quien dice, no paran de hacerlo.
«En agosto es para verlo», nos cuenta Pedro Mayor, alcalde de Hornillos, 34 años. «Monjas que van a echar la partida, curas que van a la huerta, otros que se echan un chato en el bar, otro cura que va con la empacadora a ayudar a su hermano... Así pasa. Los curas que nacieron en el pueblo, Santiago, Vicente, Luis, Marcelino, Eliazar, Eusebio... descargan de trabajar al párroco de aquí, don José, y dan la misa ellos... Porque aquí en el mes de agosto hay misa todos los días. Y a veces con dos o tres sacerdotes».

El caso es que uno llega a Hornillos del Camino en agosto y no sabe si es que hay un cónclave o es que se ha colado en un remake de Amanece que no es poco.

Hornillos tiene sus auténticas devociones y -Faulkner aparte- sus particularidades: para empezar, el alcalde es el único de UPyD en la provincia de Burgos (que ya es particularidad). Para continuar, tiene una notable actividad teniendo en cuenta el tamaño: tres albergues, dos casas rurales, una tienda y tres bares. Para proseguir, el pueblo es atravesado a diario por varias personas que hacen el Camino de Santiago. Y para cerrar, entre sus pobladores fijos tiene hasta un coreano. Agnóstico. Inscrito en el censo: Seon Min Son.
-¿Y pasan muchos peregrinos por aquí?
-No los contamos.

«En los años 50 y 60, época de familias numerosas, era muy habitual que los vocacionistas vinieran a llevarse chicos y chicas en estos pueblos», explica Luis Pampliega, sacerdote carmelita descalzo, dos hermanas monjas y oriundo de Hornillos. «Los más pequeños de la familia eran los que solían salir. Yo lo hice con 11 años. Los mayores seguían ayudando en el campo y los más críos quedaban liberados para estudiar. Esta característica no sólo se dio en Burgos o en Castilla La Vieja, sino también en Navarra y País Vasco».

Como todos los pueblos de entonces, por aquellos años Hornillos era mucho más Hornillos que ahora. Aquí había ocho rebaños de ovejas, aquí había dos carpinterías para carros, aquí había una herrería, aquí había dos ultramarinos, aquí había una leprosería, aquí había un convento de benedictinos, aquí había una escuela con más de 70 niños y niñas y, por supuesto, aquí había una cantera de alevines que -como las de estos lares- sirvió para engrosar las filas de la Iglesia.

Aquellos críos que antes corrían por la calle San Román hoy están predicando la palabra de Dios por España y el mundo. Luis Rodríguez es franciscano en Bolivia. Eleazar Mayor es capuchino en Venezuela. Ramón Rodríguez es marista en Sevilla. Vicente Sancibrián es párroco en Villadiego. Eusebio Rodríguez es cura en Barcelona. Y el nonagenario Filiberto García, por cerrar esta pequeña lista con el más longevo, es benedictino en el Valle de los Caídos desde hace 66 años.
Son las cosas de Hornillos.

Das los buenos días y te contestan «con Dios». La municipalidad hace un llamamiento para arreglar la iglesia y vienen todos los vecinos a picar la madera del suelo como si hubiera enterrado un tesoro. Te cruzas con un hombre en tractor y resulta que es Ignacio, el que toca las campanas del templo. Saludas a su madre, Trinidad, y resulta que es la que guarda las llaves de la parroquia. Se disuelve la peña de la localidad y el dinero que sobra se utiliza para restaurar una cruz de plata de la iglesia. Le preguntas a un vecino qué tal como el que habla del tiempo y el paisano te cuenta unas historias tremendas.

Por ejemplo, José Antonio perdió a un primo, Servando, misionero marista, asesinado en la República Democrática del Congo en 1996 (entonces Zaire). Y a punto estuvo de perder a su hermana María Jesús, religiosa del Niño Jesús, natural de Hornillos, que escapó de Nigeria huyendo de Boko Haram. «Aquel día mataron a 20, asaltaron la comisaría, dos bancos, salían de la iglesia y les ametrallaban. A ella la vistieron como a una musulmana y dejó el país a través de una embajada».
En Hornillos hoy no sucede nada de nada. Pasea un peregrino que parece una tortuga ninja por culpa de la mochila. Sale el sol como un responso. Suena el altavoz de una furgoneta ambulante. Discuten dos vecinas como en una tertulia de prime time. Y el hospitalero Juanma Fuentes -que se ocupa del albergue municipal de los peregrinos- está montando un mueble. Tac-tac-tac.

«Trabajaba en artes gráficas. Hace cinco años me vi sin trabajo en Madrid, sin dinero, sin casa y sin familia. Estuve mes y medio durmiendo en la calle. Hasta que dije que se acabó. Primero me puse a hacer la Ruta de la Plata y acabé en Sevilla. Luego me puse a hacer el Camino de Santiago y pasé por aquí. Tres meses andando. Inma, la encargada del albergue municipal, me dijo que me quedara de hospitalero voluntario [a cambio de comida y techo]. Y dije que sí. Y me ha cambiado la vida».
Le preguntamos a Juanma Fuentes por su formación.

Y, bueno, este hombre -que un buen día apareció por aquí después de caminar 300 kilómetros y decidió quedarse no le pregunten por qué- nos explica que él estudió la carrera eclesiástica.

Dos años de Filosofía y cinco de Teología. Con los dominicos. En un centro adscrito a la Universidad Católica de Filipinas.

Ya ven, quería ser cura.
PEDRO SIMÓN
HORNILLOS DEL CAMINO (BURGOS)
Publicado en el mundo 20/02/2017 http://www.elmundo.es/sociedad/2017/02/20/58a4ad57468aeb53368b4644.html