50 años en Zimbawe y Mozambique.

OBITUARIO


En apenas tres días, han muerto dos religiosas burgalesas de las Misioneras Hijas del Calvario (c/ Pradoluengo, 22) con nueve décadas en su carnet y cuatro dedicadas a estos países africanos hermanados por la frontera.


La hna. Mª del Carmen Gallo Costa nació en Burgos en 1922. Tras la muerte de sus padres, esta maestra decide ser misionera e ingresa en las Hijas del Calvario en 1955. Poco después de profesar como religiosa. Tras un breve paso por Sudáfrica para perfeccionar su inglés, en 1959 es destinada a Zimbawe (Rhodesia en ese momento), donde se entrega de lleno a la enseñanza en todos sus niveles. Igualmente, se ocupa de enseñar inglés a los misioneros burgaleses del floreciente Seminario de Misiones. Le sorprende el inicio de la guerra en 1969 y, poco después, la independencia de la zona norte (Rhodesia del Norte). Su salud es quebradiza y se ve obligada a regresar en 1973 a la comunidad de Burgos donde se ocupa de la formación de religiosas procedentes de su país de misión.

Desde aquí viviría la independencia del país en 1980, el nacimiento del nuevo Zimbawe y el ascenso del controvertido Robert Mugabe a la presidencia. Murió el pasado 10 de marzo a los 94 años.


La hna. Mª Mercedes Ayuso Ureta, nació en Quintanar de la Sierra en 1928. En la década de los cincuenta varios sacerdotes del Seminario de Misiones de Burgos marcharon como misioneros a la diócesis del Beira (Mozambique), en la costa índica. Mñor. Sebastián, obispo de esta ciudad, les encomendó la región de Tete, al norte del país, próxima a la frontera con Zimbawe. Ante la penuria médica, son los propios misioneros los que reclamaron la presencia de religiosas Calvarias para atender la lepra, la malaria, la anemia, la tuberculosis… Cinco religiosas calvarias, que trabajaban en el Hospital de Fuentebermeja, se embarcan en este proyecto y comienzan sus estudios de  portugués en Lisboa, a la vez que se preparan en medicina tropical. El 29 de septiembre de 1960 son despedidas en la parroquia de San Lesmes de Burgos, poco antes de subir al tren. Llegarán a la capital, Maputo, el 2 de febrero de 1961 y, pocos días después, a Beira, donde las espera el obispo Sebastián. Sus hábitos blancos harán un poco más llevadero el insoportable calor húmedo cuando atraviesan el río Zambeze. Saludan a la ciudad de Tete, el 7 de febrero. La pobreza es tan extrema como su alegría y dedicación a los enfermos, al cuidado de los niños y a la promoción de la mujer. En breve ya tendrán construido un gran barracón que servirá recibirá el nombre de hospital. Con un solo médico, las religiosas hacen lo indecible por mantener la salud de todos cuantos llegan y de organizar la catequesis. Son incansables y así lo demuestran las fundaciones (una por año). En 1964 se desata la Guerra Colonial que continuará hasta 1974. Junto a los mozambiqueños, ahora se apilan soldados portugueses abatidos por las guerrillas anticoloniales. La religiosas mantienen abierto el quirófano día y noche, monta tanto si se extirpa una bala como un quiste. Mercedes Ayuso lleva por nombre Virginia y acompaña la quinta fundación en el año del final de la guerra. Así seguirán los años hasta bien entrado el nuevo milenio. Celebrará los 50 años de la misión en Mozambique (2011) para regresar, casi de inmediato a Burgos, a descansar, siendo consciente del lema de su congregación: ‘Todo se ha logrado con amor y sacrificio’. Sus brazos, que sostuvieron a tantos niños y mujeres, se movieron por última el pasado 13 de marzo, a los 88 años.